escrito · 23 de octubre de 2026
“Lo que no se dice”
Volvió. Volvió ese silencio que no grita, pero duele. La sombra que se había ido hace un tiempo —bestia, depresión, como prefieras llamarla— regresó con su peso invisible. Esa misma presencia que no deja respirar, que apaga los sonidos, que enturbia los pensamientos hasta que lo bueno parece lejano, ajeno.
Y yo estaba bien. Estaba feliz. Tengo amigas que me acompañan, una carrera que me entusiasma. Y sin embargo, siento que todo eso se me escapa. ¿Por qué? ¿Por ser débil?
¿Es debilidad no saber cómo enfrentar algo que ni siquiera sé nombrar?
Quisiera volver al psicólogo, aunque sea solo para escuchar que estoy bien, aunque no sea del todo cierto. A veces no se trata de respuestas, sino de compañía. De que alguien escuche sin que uno tenga que explicar. De que alguien abrace sin que uno tenga que pedirlo. Que simplemente lo sienta, lo haga, porque sí.
Creo que eso necesito. Un abrazo que no tenga que justificar. Una presencia que no me exija estar bien.